Nos necesitamos. Nos reconocemos. Nos potenciamos

¿Y si la sucesión fuera una oportunidad para construir juntos?
Hoy quiero contarles una historia que me hizo pensar en una palabra que usamos con mucha frecuencia y que pocas veces nos detenemos a comprender: Sucesión.
Desde pequeños aprendimos que la vida tiene etapas. Primero estudiamos, después trabajamos, construimos una familia, desarrollamos una carrera y, cuando llegamos a determinada edad, comenzamos a prepararnos para entregar lo que hemos construido y retirarnos.
Así hemos organizado nuestras vidas, nuestras familias y también nuestras empresas. Una generación llega, otra se va, y pareciera que para abrirles espacio a unos necesitamos que otros lo desocupen.
Pero... ¿Quién dijo que siempre tenía que ser así?

En 2021, una empresa colombiana fue seleccionada entre las ocho ganadoras del Sustainable AgTech Challenge, una iniciativa impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y The Yield Lab Institute.
Había competido con 115 empresas de diferentes partes del mundo.
Dos años después, recibió el reconocimiento a la mejor compañía de comercio electrónico transfronterizo de Colombia, otorgado por Analdex y ProColombia, y Forbes Colombia la incluyó entre las 30 promesas de los negocios de 2023 por conectar a productores agrícolas de cualquier tamaño, directamente con empresas compradoras a nivel global, centralizando a través de una plataforma tecnológica todos los procesos comerciales, logísticos y de pago.
Con números grandes más de US$30 millones en transacciones anuales, más de 30 países con compradores conectados a su plataforma.
Su nombre es BloomsPal, una empresa que comenzó en el mundo de las flores y que después de 3 años ha evolucionado para convertirse en una plataforma tecnológica que facilita la comercialización internacional de productos de diferentes industrias.
Hasta aquí podríamos pensar que es otra historia de emprendimiento exitoso, pero lo que es más relevante para mí es que Sonia de la Espriella y Danilo Miranda son madre e hijo. Y aquí quisiera contarte algo que hace esta historia especialmente cercana para mí.
Sonia es prima de Carlos Eduardo, mi esposo, y tuve el placer de conocer a Danilo cuando era pequeño. Por eso, verlos hoy construyendo juntos una empresa que ha logrado tantos reconocimientos me produce una alegría enorme, pero también me emociona saber que han logrado unirse y complementarse y convertirse en un ejemplo a seguir que tiene todo que ver con Ganas y Canas.
Sonia había construido una importante trayectoria empresarial en el cultivo y comercialización internacional de flores, mientras que Danilo tenía experiencia en desarrollo de productos y tecnología. Cuando Forbes los destacó en 2023, Sonia tenía 58 años y Danilo 32.
Imagínate lo que habría pasado si Sonia hubiera pensado que, después de tantos años de experiencia, había llegado el momento de retirarse y dejar que su hijo construyera su propio camino. O si Danilo hubiera considerado que para desarrollar sus ideas necesitaba hacerlo lejos de la experiencia de su mamá. Seguramente ambos habrían encontrado caminos interesantes, pero habrían perdido la oportunidad de descubrir lo que podían lograr juntos.
Sonia y Danilo decidieron crear una empresa nueva, aprovechando lo mejor de sus experiencias, sus conocimientos y sus maneras de ver el mundo.
¡Cuánto talento estamos dejando de aprovechar por creer que cada generación tiene que tener su propio turno!
Y por eso, hace un tiempo vengo reflexionando sobre algo que me inquieta...
En las organizaciones tenemos programas para jóvenes talentos, planes de sucesión para nuestros líderes y programas de preparación para la jubilación. En la sociedad creamos universidades para adultos mayores, redes de emprendimiento juvenil y actividades dirigidas a personas de determinadas edades.
Todas estas iniciativas tienen valor y han abierto oportunidades maravillosas. Sin embargo, muchas veces, con la mejor intención de reconocer las necesidades de cada generación, terminamos creando espacios donde casi nunca se encuentran. Y esto también nos pasa en las familias. Los abuelos con los abuelos, los jóvenes con los jóvenes, los niños con los niños. Incluso cuando estamos reunidos alrededor de una misma mesa, cada uno puede terminar conversando con quienes tienen una edad parecida.
Me pregunto cuántas historias, sueños, experiencias y conocimientos se quedan guardados porque nunca se nos ocurre preguntar.
En las empresas familiares esta separación puede ser todavía más evidente cuando llega el momento de hablar de sucesión. La Encuesta Global NextGen 2022 de PwC, realizada entre más de mil integrantes de nuevas generaciones de empresas familiares en 68 territorios, encontró que el 57 % consideraba problemática la resistencia de la generación anterior a retirarse, mientras que el 45 % encontraba dificultades para demostrar su capacidad como nuevo líder o integrante de los órganos de gobierno. Por un lado, una generación que siente que todavía tiene mucho para aportar y, por el otro, una que quiere demostrar lo que es capaz de hacer.
¿Cuánto podríamos lograr si en lugar de competir por el espacio aprendiéramos a compartirlo?
Por supuesto, las sucesiones requieren decisiones, responsabilidades claras y momentos en los que corresponde entregar el liderazgo. Pero eso no significa que tengamos que renunciar a seguir aprendiendo y construyendo juntos.
La experiencia no tiene fecha de vencimiento y las ganas de transformar tampoco tienen una edad determinada.
Este es precisamente uno de los temas que la Fundación está desarrolland en el segundo libro de Ganas y Canas, que, como les prometí, seguiré compartiendo con ustedes a través de esta newsletter. Hoy quiero adelantarles una reflexión del capítulo dedicado a la conexión intergeneracional, que estamos construyendo:
Hay dos palabras que parecen similares y que tienen una diferencia enorme. Multigeneracional viene de multi, muchos, y hace referencia a la presencia de personas de diferentes generaciones en un mismo espacio.
Intergeneracional viene de inter, entre, y nos habla de los vínculos, las relaciones y las experiencias que construimos entre personas de diferentes generaciones.
Una empresa puede tener colaboradores de 20, 40, 60 y 70 años y ser multigeneracional. Cuando esas personas se encuentran, se reconocen, comparten sus conocimientos y trabajan juntas para resolver desafíos, comienzan a construir una comunidad intergeneracional.
Y lo mismo sucede en nuestras familias. Como lo mencioné antes, podemos llevar años compartiendo los almuerzos de los domingos con nuestros padres, hijos o abuelos, y conocer muy poco de lo que sueñan, de sus talentos y de las cosas que todavía quieren hacer.
Y aquí aparece una pregunta que me encanta:
¿Qué tanto conocemos realmente a las personas de otras generaciones con quienes compartimos nuestra vida?
En la Fundación Ganas y Canas estamos convencidos de que existe una riqueza extraordinaria que todavía no hemos aprendido a aprovechar. Por eso desarrollamos una metodología que nos invita a recorrer tres pasos:
1) Nos necesitamos: porque cada generación tiene conocimientos, experiencias y perspectivas que pueden enriquecer a las demás.
2) Nos reconocemos: porque necesitamos descubrir los talentos, las capacidades y los sueños de quienes tenemos cerca, dejando a un lado las etiquetas que les hemos puesto por su edad.
3) Nos potenciamos: porque cuando encontramos un propósito compartido y decidimos hacer algo juntos, aparecen posibilidades que difícilmente habríamos descubierto por separado.
La historia de Sonia y Danilo es un ejemplo maravilloso de lo que sucede cuando recorremos ese camino.
⚡ Ejercicio de la semana:
Hoy quiero proponerte algo muy sencillo, pero que puede llevarte a descubrir algo importante.
1️⃣ Piensa en una persona de una generación diferente a la tuya.
Puede ser tu mamá, tu papá, un hijo, un nieto, un compañero de trabajo o alguien con quien compartes frecuentemente.
Ahora hazte estas tres preguntas:
💛 Nos necesitamos: ¿Qué sueño o desafío tengo hoy en el que esa persona podría ayudarme?
🧡🧡 Nos reconocemos: ¿Qué talento suyo todavía no he descubierto o no he sabido valorar?
💙💙💙 Nos potenciamos: ¿Qué podríamos hacer juntos que nunca se nos haya ocurrido intentar?
Y aquí viene la parte más importante del ejercicio:
2️⃣ Esta semana busca a esa persona y hazle una invitación.
Puede ser algo tan sencillo como aprender juntos una habilidad, resolver un problema, emprender una idea o compartir una experiencia que ninguno haya vivido. Lo importante es que ambos tengan algo que aportar.
3️⃣ Y después... Amaré que me cuentes respondiendo a este correo, qué descubrieron. Por supuesto este paso es opcional, pero sería un gran regalo para mí y para el equipo de la Fundación 😉
Para cerrar… Vuelvo a Sonia y Danilo y pienso en la cantidad de oportunidades que podemos estar perdiendo por esa costumbre de dividir la vida en turnos.
Cuántos padres que sienten que llegó el momento de hacerse a un lado, cuántos hijos que creen que para demostrar lo que valen necesitan hacerlo solos, cuántas personas que se retiran de una organización llevando consigo años de experiencia y cuántos jóvenes que llegan llenos de ideas sin encontrar con quién compartirlas.
Y pienso también en algo que me toca profundamente: a veces, por querer abrirles camino a quienes vienen detrás, dejamos de caminar a su lado.
Me gusta imaginar una sociedad en la que las generaciones sigamos encontrando razones para necesitarnos, reconocernos y potenciarnos, donde cumplir años amplíe nuestras posibilidades de aportar y donde los jóvenes encuentren en la experiencia de otros una oportunidad para llegar más lejos.
Porque unidas, las ganas y las canas encuentran nuevas maneras de transformar el mundo.
Quiero dejarte una última pregunta:
¿Con quién has dejado de construir porque creíste que ya era su turno o que el tuyo se había terminado?
¡Ya es momento de volver a encontrarse!
Así que hoy te deseo una semana llena de ganas, canas y nuevos encuentros.
Livi 💛




Comentarios