🙌 PLENITUD donde antes había juicios

¿Ya sentiste ese pequeño vacío que aparece cuando se acaba Semana Santa y… es hora de volver a la rutina?
Ese momento en el que el cuerpo todavía quiere quedarse en pausa pero la vida te dice que es hora de volver... Pero antes de terminar este día, quiero proponerte algo muy simple:
Regálate 3 minutos, solo 3, y cierra los ojos, respira profundo y pregúntate:
¿Qué de estos días quiero traer conmigo a la rutina?
No lo pienses mucho, siéntelo, repasa estos días de descanso...
Ese instante —quizás pequeño, casi invisible en el que sentiste calma, ligereza, silencio por dentro o simplemente… que no te faltaba nada— Ese es tu momento de plenitud.
A veces creemos que la plenitud solo vive en las vacaciones, pero no es el lugar es el estado. Tal vez era levantarte sin correr, caminar sin mirar el celular, una conversación sin prisa, respirar profundo sin estar pensando en lo siguiente. Pequeñas cosas que sí caben en la rutina, si así lo elegimos.
La plenitud realmente se entrena en la vida real y podemos traerla a nuestra cotidianidad. La palabra plenitud viene del latín plenitūdo, plenitūdinis, que a su vez nace de plenus, que significa: lleno, completo, satisfecho, sin vacío. La plenitud significa estar lleno de presente, tiene que ver con no necesitar nada más en ese momento.
Te quiero contar algo que jamás imaginé que iba a escribir...
Desde chiquita crecí en una casa donde el deporte era parte de la vida. Jugar tenis era un placer en familia, estaba convencida —así me decían mis papás— que el ejercicio era salud y por eso, requería de un alto impacto. Por ese motivo, los golfistas eran “anti deportistas”, personas que caminaban, tomaban trago y jugaban algo que —según nosotros— no requería mayor esfuerzo físico.
Así lo aprendí y así lo repetí durante años hasta que me casé. Mi esposo jugaba golf y, sin exagerar, yo me sentía una "viuda de golf". Él hacía su máximo esfuerzo, madrugaba los fines de semana para poder jugar temprano y estar de vuelta al almuerzo con nosotras. Pero a pesar de su esfuerzo yo no me sentía cómoda.
El año pasado, mi amiga Adri Senior me dijo: “Livi, empecemos a jugar golf… pero no tomemos clases. Solo vivamos el campo”. Y dije que sí, sin saber que ese sí… iba a cambiar totalmente mi forma de sentir.

Lo que encontré fue la plenitud.
En el campo me pasa algo que no me pasa en muchos otros lugares:
La naturaleza me embarga, el tiempo se diluye y mi mente se queda en silencio. Y de repente ESTOY, estoy con la bola, con el cuerpo, con el aire, con el instante, sin prisa, sin pendiente, sin juicio. Y ahí, en ese espacio tan simple, aparece una sensación difícil de explicar pero muy fácil de reconocer: la plenitud.
La plenitud es un estado al que se entra… cuando dejamos de resistir el momento y estar tan presente que incluso el error se vuelve parte del disfrute.
El primer regalo fue el campo.
El segundo… fue la comunidad.
Sin darme cuenta, empezamos a hacer parte de un grupo de parejas que juegan golf. Y lo que antes era “tiempo perdido” se volvió parche, planes de fin de semana en Bogotá, risas, conversaciones, naturaleza, una forma distinta de compartir.

Llego la Semana Santa y Carlos Eduardo y yo nos fuimos a jugar golf durante varios dias ⛳️ Y fue… ¡Lo máximo!
Decidí tomar clases.
Pero lo más importante, más allá de aprender a pegarle mejor a la bola, fue comprender que para jugar bien, necesitas estar en plenitud.
Todos los días de juego en plenitud, en los que estaba tranquila, presente, disfrutando y sin pensarlo mucho, todo fluía, el swing salía natural, la bola conectaba bien, el juego se sentía ligero. Y mágicamente, bajé de handicap.
Pero el último día… fue distinto, quería hacerlo bien, pensé más de la cuenta, me desconecté de ese estado y aunque ya había practicado, todo empezó a salir mal... La última jugada no fue lo que yo esperaba, precisamente porque me desconecté de mí misma, me tensioné y abandoné el estado de plenitud. En la medida en que intentaba recordar lo que había aprendido, más se me olvidaba, y me llene de rabia y de juicio sobre mí misma.
Hoy elijo quedarme con la sensación de plenitud de los días antes de ayer, y llevarla conmigo a mi cotidianidad.
⚡ Reto de la semana:
Esta semana, te dejo una invitación muy simple:
Encuentra tu “campo”. Puede ser caminar, cocinar, respirar, conversar... algo que te lleve a ese estado en el que, sin darte cuenta, estés en plenitud.
Observa cómo te sientes y pregúntate:
¿Qué pasaría si en este instante no necesitara nada más?
La plenitud está en esos pequeños momentos en los que, sin darte cuenta, ya estás completo.
Y quién sabe… tal vez, como a mí, la vida te sorprenda encontrándola justo en el lugar donde antes había un juicio.
🎧 Y a propóstio de abandonar los juicios, te invito a cerrar esta semana santa con una conversación que sin duda te abrirá la mente frente a todos los "campos" que aún te quedan por explorar...
Un abrazo grande,
Livi 💛




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