¿Qué dices cuando hablas de otros?

¿Qué pasa cuando hablamos de alguien que no está presente?
Esta semana me encontré observando algo que, si soy honesta, todos hemos hecho alguna vez: hablar de otro. A veces disfrazado de preocupación, cuidado, análisis, o simple conversación, pero en el fondo es un juicio.
Hacer un juicio de otra persona parece inofensivo y pensamos que es solo una opinión, una interpretación, una forma de entender lo que el otro hizo o dejó de hacer. Pero los juicios no se quedan quietos, se expanden, se transforman y muchas veces terminan construyendo o destruyendo la reputación de alguien.
La reputación es lo que otros dicen de mí cuando no estoy y por eso es profundamente frágil.

Hace varios años, cuando entré a una organización, tuve una relación difícil con mi jefe. No nos entendíamos. Yo sentía que muchas cosas eran injustas, no solo conmigo sino con otros. Y encontré una forma de “aliviar” eso: empecé a hablar de él.
Lo hacía desde lo que yo creía que era válido, desde mi inconformidad, desde mi necesidad de ser escuchada, desde el resentimiento que sentía porque consideraba que no estaba siendo tratada de manera justa y que los comportamientos que él tenía no me representaban. Pero hoy recorriendo esa historia lo veo distinto. Todo lo que dije terminó deteriorando aún más la relación y la poca confianza que nos teníamos y generando mayor distancia.
Cada vez que yo hablo de alguien sin estar presente, eso que digo termina llegándole a la persona, y es válido en ambos sentidos: cuando son cosas buenas, refuerza las relaciones, y cuando no, enfatizan la distancia y la desconfianza.
Cuando mi hija tenía 5 años tuvo unas vacaciones en Cali con mi mamá. En una ocasión que estaban en el carro, mi mamá escuchaba a Isa hablar con su amigo Gabriel, y entonces Gabriel le dice: “Isa te voy a contar algo pero necesito que me prometas que no se lo cuentas a nadie” y ella muy concentrada y decidida le dijo: “claro, no se lo voy a contar a nadie, y si lo llego a decir, te prometo que les digo que no se lo cuenten a nadie”.
Me encanta contar esa anécdota, porque de manera muy simple nos muestra cómo funcionan nuestros sistemas de comunicación en la vida real. Por eso, cada vez que hablamos de alguien sobre algo bueno o malo debemos ser conscientes que tarde que temprano la persona aludida se va a enterar.
Cuando me certifiqué como coach ontológico me enseñaron que los juicios no eran el problema. El problema es no hacernos responsables de ellos. Porque cuando hablo de otro y no se lo digo directamente a esa persona, no solo evito una conversación difícil; también renuncio a la posibilidad de transformar la relación.
Mi relación con ese jefe se hubiera podido transformar cambiando mi comportamiento y no lo hice, por el contrario, entré en una escalada de juicios que nos hicieron a ambos muchísimo daño, a tal punto que terminé yéndome sin lograr el objetivo de transformación que esperaba generar en esa organización.
Hay un principio que hoy tengo presente todos los días: si ves algo de alguien, díselo a la persona, no a los demás. Díselo desde la responsabilidad más que desde el ataque, la defensa o la queja. Porque decirlo es un acto de respeto, valentía y coherencia personal, y requiere hacernos cargo de nuestra mirada. Aunque a veces nos de miedo, angustia o ansiedad, siempre es una buena elección conversar para transformar la realidad que nos rodea.
Y hay algo más que a veces pasamos por alto... no solo daña hablar mal de alguien, también daña escuchar y quedarse en silencio, aceptar un juicio sin cuestionarlo, alimentar la conversación o simplemente no intervenir. Ese comportamiento también construye (o destruye) reputaciones, porque al final, se trata de quién estamos siendo cuando el otro no está en la mesa. Cuando hablas de alguien que no está ¿estás construyendo confianza o debilitándola?
⚡ Reto de la semana:
Te invito especialmente a hacer este ejercicio:
Cada vez que hables de alguien que no está presente, haz una pausa —aunque sea mental— y pregúntate:
1️⃣ ¿Esto que estoy diciendo… lo diría si esta persona estuviera aquí?
2️⃣ ¿Lo que estoy compartiendo construye o destruye?
3️⃣ ¿Estoy hablando desde lo que siento… o desde el juicio que no me he hecho a mí mismo?
Y atrévete a ir un paso más alla; haz el movimiento completo: habla con esa persona, exprésale lo que ves desde el respeto y la responsabilidad emocional que implica ser coherente contigo mismo.
Cuando hablo del otro, inevitablemente estoy hablando de mí. De mis heridas, de mis expectativas, de mis frustraciones… o de mi nivel de conciencia.Porque lo que digo no nace solo de lo que veo sino de cómo lo interpreto, de lo que me duele, de lo que me falta, de lo que aún no he sabido resolver.
A veces la incomodidad viene de lo que el otro nos despierta, entonces empecemos a escuchar lo que eso dice de nosotros mismos.
Para finalizar, quiero invitarte a que sintonices el Episodio #20 de nuestro Podcast Ganas y Canas "La Nueva Longevidad"; donde tengo el placer de conversar con Patricia Morales Cobo y Mauricio Reina, una pareja de canosos que han decidido apostarle a resignificar la generación de los adultos contemporáneos y evidenciar los hábitos, comportamientos, herramientas y conexiones que necesitamos para vivir más años con calidad y propósito.
Además, este episodio se conecta muchísimo con la reflexión de esta semana, porque nos motiva a vivir más y mejor. Vivir más es elevar la calidad de las conversaciones que tenemos, hacernos cargo de lo que decimos, de cómo lo decimos y de lo que callamos.
La verdadera longevidad se mide en la madurez con la que habitamos nuestras relaciones.
🎧 Te invito a escuchar esta conversación que abre preguntas poderosas sobre cómo queremos vivir… y convivir.
Un abrazo grande,
Livi 💛




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