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Trascender

  • Foto del escritor: Livi Betancur
    Livi Betancur
  • 1 mar
  • 5 Min. de lectura

 Hay semanas que nos recuerdan que la vida no es eterna, pero lo que hacemos con ella sí puede serlo.

 

Esta semana he vivido dos acontecimientos profundamente distintos… y profundamente conectados. Por un lado, despedimos a Joseph Owen.

El esposo de mi querida Claudia Rodríguez —mi amiga, mi cómplice, miembro de la Junta de Ganas y Canas— y una de las parejas más icónicas que he conocido por su simbiosis, su respeto y su capacidad de disfrutar la vida.



Leí con el corazón apretado el artículo que le dedicó Eduardo Vargas en El Siglo, en el que honra su historia y que además, me confirmó algo que ya sabía:

Joseph no solo tuvo una carrera brillante; también logró trascender su origen en Kenia y expandir su sentido de servicio y amor a muchos países del mundo. Tuvo una vida coherente, resiliente desde siempre, reflexivo, inspirado por un propósito y con un soporte en la Fe.

 

Pero lo que más me marcó no fueron sus cargos, ni su recorrido internacional, ni su paso por el Banco Mundial. Fue su manera de estar en el mundo, su capacidad de escuchar, tender puentes donde otros veían fronteras, servir sin ruido y evidenciar en la cotidianidad la espiritualidad en acción.

 

El sábado pasado cuando estábamos en la Junta de Ganas y Canas, antes que llegara Claudia, Mabel Yaneth muy emocionada sobre la reunión de estrategia de Letras con Propósito, nos dijo: “no se imaginan los aportes de Joe, nos puso a pensar más allá y logró conectar puntos que no veíamos”. Fue precisamente Joe, el motor que inspiró a Claudia a hacer parte de nuestra Fundación, porque ella estaba convencida que con su capacidad debía seguir en vigencia para el mundo.



Joe llevaba varios años “retirado”. Estaba escribiendo un libro que terminó antes de morir y que tendremos la oportunidad de leer en la Feria del Libro 2026: “From Eldoret to Eldorado, a journey of Miracles” en el que plasma su trascendencia en la vida, porque la trascendencia no empieza cuando mueres. Empieza cuando aprendes a vivir.

 

Casi siempre confundimos trascendencia con fama, con legado público, con reconocimiento póstumo. Pero la raíz de la palabra nos lleva a algo más profundo. Trascender viene del latín transcendere: trans (más allá) + scandere (subir, escalar).

 

Trascender es ir más allá de lo inmediato.

Más allá del ego.

Más allá de la reacción automática.

Más allá del miedo.

Y eso no ocurre en un funeral.

Ocurre en la cotidianidad de la vida.

 

Trascender no es que hablen de ti cuando ya no estés. Es cómo haces sentir a las personas mientras estás.



Trascender es ELEGIR

 

Elegir escuchar cuando podrías imponer.Elegir servir cuando podrías acumular. 

Elegir enseñar cuando podrías competir. 

Elegir soltar cuando podrías controlar.

 

La trascendencia no es duración. Es profundidad. Hay personas que viven 90 años y no trascienden. Y hay personas que en 40 transforman generaciones.

 

Porque trascender no es cuestión de tiempo. Es cuestión de consciencia. Trascender es saber vivir, no es hacer cosas extraordinarias es vivir de manera extraordinariamente consciente.


Trascender es SABER QUE...

 

No te llevas nada. 

Lo único que permanece es lo que sembraste en otros. 

Tu energía impacta más que tus títulos. 

Tu coherencia impacta más que tu discurso. 

Joseph trascendió no porque murió. Trascendió porque supo vivir.


Hay una trascendencia silenciosa que casi nadie celebra: El líder que forma a alguien mejor que él. La madre que cría con valores. El amigo que sostiene en momentos oscuros. El emprendedor que se atreve aunque tenga miedo. 

Eso también es ir más allá, porque hay algo en el acto de trascender aún más profundo todavía:

 

Trascender es salir del centro.

 

Cuando dejas de preguntarte: “¿Qué gano yo?” y empiezas a preguntarte:

“¿Qué aporto yo?”, ahí empieza la trascendencia.

 

Y luego, casi como si la vida me mostrara el otro lado del mismo espejo…

 

Hoy lanzamos el Episodio 19 del podcast de Ganas y Canas con Alejandro Rodríguez, mi mejor amigo de la universidad, mi ex socio de TRI y mi cómplice de la locura más hermosa que he cometido: renunciar a lo seguro para emprender.

 

Alejo y yo éramos dos ganosos con más ganas que certezas. Y tuvimos la fortuna de contar con un canoso extraordinario que creyó en nosotros cuando nadie más lo hacía. TRI no fue solo una empresa. Fue una escuela de vida; yo la vendedora y él el financiero. Éramos muy distintos pero teníamos un propósito, nos caímos, nos volvimos a levantar, nos equivocamos y celebramos. Eso también es trascendencia.

 

Porque hoy, muchos años después, Alejandro sigue transformando la forma en que el talento humano aporta valor con su nuevo producto Talent to Value. 

Lo escucho hablar y pienso: lo que sembramos hace años sigue dando fruto.

Eso es trascender: una decisión valiente en el pasado que impacta vidas en el presente. Y entonces entiendo que Joseph y nuestra historia con TRI comparten algo profundo:

 

La trascendencia está en cuánto entregamos.

No está en cuánto tiempo vivimos.

Está en cómo vivimos.

 

Si quieres escuchar una historia real de aventura, riesgo, amistad y propósito… te invito a ver este episodio. Porque la trascendencia también se construye cuando decidimos creer en nuestras ganas y unirlas con experiencia.

 




 ⚡ Reto de la semana:

Te invito a reflexionar alrededor de tres preguntas:

1️⃣ Si mañana no estuviera, ¿qué dirían de mi forma de estar en el mundo?

2️⃣ ¿Qué estoy haciendo hoy que realmente trasciende?

3️⃣ ¿Qué decisión valiente estoy postergando por miedo?Y para terminar, haz una cosa concreta esta semana que esté alineada con la respuesta.

 

Porque trascender no es un acto final.

Es una práctica diaria.


En el funeral de Joseph el sacerdote dijo algo que no puedo sacarme del corazón:

 

“No hay entierros con trasteo ni tumbas con cajas fuertes.”

 

La vida es para vivir y entregar. No para guardar. Y quizás esa es la pregunta que me queda hoy:

 

¿Estamos viviendo de una manera que trascienda?

 

Joseph trascendió.

Alejandro sigue trascendiendo.

Y tú y yo… estamos escribiendo ahora mismo lo que un día otros recordarán.

 

Vivamos la vida.

Entreguemos hoy.

Amemos hoy.

Emprendamos hoy.

 

Que cuando llegue el último minuto podamos decir, en paz:

 

Viví. Y valió la pena.

  

Un abrazo grande,


Livi 💛

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