top of page

Creer, incluso cuando no hay certezas...

Foto del escritor: Livi Betancur
Livi Betancur
hace 4 días
7 min de lectura

Hoy quiero comenzar esta newsletter con una invitación muy especial 💙💛 

La Fundación Ganas y Canas, de la mano de la Universidad de los Andes, está preparando el I Summit de Liderazgo y Conexión Intergeneracional.

Un encuentro dirigido a empresas y emprendedores que quieren descubrir cómo transformar la manera en que las generaciones se relacionan, aprenden y construyen juntas.


Livi Betancur Ganas y Canas

Detrás de cada detalle hay personas que creen profundamente en este propósito y que están demostrando, desde su propio trabajo, lo que significa construir desde la inteligencia colectiva.

¡Gracias a Diana Franco y a todo el equipo por tantas ganas, por tanto compromiso y por poner el corazón en hacer posible este Summit! 💙💛

Por eso, te invito a acompañarnos, a traer tus preguntas, tus experiencias y, especialmente, tus GANAS de descubrir todo lo que podemos construir cuando aprendemos a necesitarnos, reconocernos y potenciarnos.

 



, hay palabras que comprendemos intelectualmente y otras que la vida se encarga de enseñarnos.

Y precisamente pensando en aquello en lo que creemos y en lo que estamos dispuestos a hacer para convertirlo en realidad, llegué a la palabra que quiero compartirte esta semana porque me ha traído grandes reflexiones:

CONVICCIÓN

La palabra viene del latín convictio, relacionada con convincere, que significa demostrar o persuadir de manera concluyente.

Me gusta pensar en la convicción como esa fuerza interior que nace de creer profundamente en algo y que nos impulsa a actuar en coherencia con ello. Podemos confundir tener convicción con estar seguros de que algo va a suceder.

Pero he venido comprendiendo que son cosas muy diferentes...

La convicción no es tener la certeza de que vamos a lograrlo. Es creer que aquello que soñamos merece que lo intentemos, incluso cuando no sabemos cuál será el resultado. Y tengo la fortuna de contar con una gran maestra de convicción en mi propia vida: mi hija Isabella.

Quienes me conocen saben cuánto admiro su manera de vivir, de explorar el mundo, de cuestionarlo y de construir su propio camino.

Isabella estudia arte en Chicago y desde hace algún tiempo tenía un sueño muy especial: hacer un semestre de intercambio en Burren College of Art, una escuela de arte en Irlanda.

Pero llegar allí no era nada sencillo. El proceso tenía dos etapas.

Primero, la universidad en la que estudia debía seleccionarla para nominarla al intercambio. Para ello, Isabella tenía que presentar su portafolio artístico y competir con otros estudiantes que también aspiraban a esa oportunidad.

Solo después de ser nominada podía pasar a la segunda etapa, en la que Burren College of Art evaluara su candidatura y decidiera aceptarla. Pero además, había un desafío adicional: apenas dos cupos anuales para este intercambio, en medio de numerosas solicitudes de estudiantes de diferentes partes del mundo.

El año pasado Isabella decidió presentarse.

Preparó su portafolio, puso allí su trabajo, su ilusión y muchas horas de dedicación. Y recibió un NO.

Su universidad no la seleccionó para nominarla. Ni siquiera pudo llegar a la segunda etapa del proceso. Imagínate lo que significa quedarte por fuera de una oportunidad con la que has soñado, antes de que la universidad a la que quieres llegar pueda siquiera conocer tu trabajo.

Habría sido comprensible que decidiera buscar otra alternativa.

Que pensara que era demasiado difícil... Que interpretara esa respuesta como una señal para cambiar de sueño.

Pero Isabella decidió volver a intentarlo.

Y aquí es donde, para mí, comienza la verdadera historia. Porque la convicción no se revela cuando todo sale como esperamos, sino cuando las cosas no salen como queríamos y tenemos que decidir qué hacer después.

Durante el siguiente año continuó desarrollando su trabajo artístico, aprendiendo, preparándose y fortaleciendo su portafolio. No tenía ninguna garantía de que esta vez fuera diferente. Pero tenía algo que quizás era más importante: la claridad de que ese sueño seguía siendo significativo para ella.

Y este año, Isa volvió a presentarse.

Esta vez su universidad la seleccionó y la nominó.

¡Había superado la primera etapa!

Pero todavía faltaba la segunda.

Su trabajo debía ser evaluado por Burren College of Art, que finalmente decidiría si le otorgaba uno de esos dos cupos tan limitados. Y aquí viene una parte de esta historia que guardaré siempre en mi corazón...

El fin de semana pasado viajé a Chicago. Estaba más cerca y aproveché la oportunidad para estar con Isabella en un momento muy especial, porque el

lunes 19 de octubre recibiría la respuesta definitiva de la universidad.

Y yo quería estar ahí.



No sabía si la respuesta sería un SÍ o un NO. Pero tenía la certeza de que quería acompañarla, cualquiera que fuera el resultado.

¡Qué regalo tan maravilloso fue poder vivir ese momento a su lado!

Compartí su ansiedad, sus nervios, su ilusión y esa incertidumbre que sentimos cuando algo nos importa profundamente y sabemos que la decisión ya no está en nuestras manos.

Y entonces llegó la respuesta... ¡SÍ!

¡Isabella fue aceptada para hacer su semestre de intercambio en Burren College of Art, en Irlanda, el próximo año! 🇮🇪❤️


¡No te imaginas la felicidad!

Ver su cara, compartir su emoción y abrazarla en ese momento fue uno de esos regalos que la vida nos da y que se quedan guardados para siempre.

Pero mientras celebrábamos, yo pensaba en algo más:

En aquel primer NO.

En su decisión de volver a intentarlo.

En todo lo que había aprendido y trabajado durante ese año.

Y comprendí algo que hoy quiero compartirles:

La convicción de Isabella no estaba en el SÍ que acababa de recibir. Estaba en todo lo que había decidido hacer después de aquel primer NO.

Porque si esta vez tampoco hubiera sido aceptada, su determinación, su esfuerzo y su capacidad de aprender seguirían siendo igual de admirables.

Y eso cambió mi manera de comprender la convicción:

1) La convicción no necesita garantías

Muchas veces esperamos tener certezas para tomar decisiones. Queremos saber que las cosas van a salir bien antes de arriesgarnos. Pero la vida pocas veces nos ofrece esas garantías. La convicción nos permite avanzar sin tener todas las respuestas. Nos invita a confiar en aquello que consideramos importante, aunque todavía no sepamos cómo terminará la historia. No se trata de estar seguros del resultado, sino de encontrar sentido en el camino que decidimos recorrer.

2) La convicción se demuestra en lo que hacemos después de un NO

Todos hemos recibido respuestas que no esperábamos. Un proyecto que no fue aprobado. Una oportunidad que no llegó. Una puerta que se cerró. Un sueño que parecía alejarse. Y aunque no siempre podemos cambiar esas respuestas, sí podemos decidir qué hacemos con ellas. Podemos permitir que nos definan o convertirlas en una oportunidad para aprender.

Eso fue lo que Isabella me enseñó. No se quedó esperando que las circunstancias cambiaran. Decidió prepararse para volver a intentarlo.

Porque la convicción necesita acción, aprendizaje y perseverancia.

3) La convicción no es terquedad

Esta es quizás la reflexión que más me ha acompañado. A veces confundimos tener convicción con aferrarnos a una única manera de hacer las cosas. Pero tener convicción no significa creer que siempre tenemos la razón ni insistir ciegamente en el mismo camino. Significa reconocer aquello que verdaderamente nos importa y estar dispuestos a aprender, escuchar y transformar lo necesario para acercarnos a ello. Podemos mantener firme nuestro propósito y ser flexibles en la manera de alcanzarlo.

Isabella no cambió su sueño. Pero tampoco se presentó exactamente de la misma manera. Siguió creciendo como artista y se preparó para una nueva oportunidad. Y eso me recuerda que la convicción nos da dirección, pero el aprendizaje nos permite encontrar el camino.

¿Y qué tiene que ver la convicción con la comunidad de Ganas y Canas?

¡Muchísimo! Porque construir una comunidad intergeneracional también nace de una convicción. La convicción de que la edad no nos define. De que nuestras diferencias pueden enriquecernos. De que tenemos mucho que aprender unos de otros, independientemente de los años que llevemos vividos.

Y, sobre todo, de que nos necesitamos para construir un futuro mejor.

Pero creer en ello no es suficiente. Necesitamos convertir esa convicción en acciones. Cuestionar nuestros prejuicios. Abrir espacios de conversación. Reconocer que no tenemos todas las respuestas. Aprender a trabajar con personas que piensan y viven de manera diferente. Y descubrir que cuando conectamos nuestras capacidades podemos construir algo mucho más grande que aquello que lograríamos individualmente.

Esa es precisamente la convicción que mueve a la Fundación Ganas y Canas.

Y también la razón por la que espacios como el I Summit de Liderazgo y Conexión Intergeneracional son tan importantes.

Porque queremos pasar de creer en el valor de la conexión a comprender cómo hacerla posible. De reconocer nuestras diferencias a descubrir cuánto nos necesitamos. Y de compartir espacios a construir verdadera inteligencia colectiva.

Hoy miro a Isabella y siento una mezcla maravillosa de orgullo, admiración y gratitud. Orgullo por su logro. Admiración por su determinación. Y gratitud porque, una vez más, mi hija me demuestra que las lecciones más importantes no siempre vienen de quienes tienen más años o más experiencia.

A veces nuestros grandes maestros son precisamente aquellos a quienes creemos que vinimos a enseñar. Y esa es una de las razones por las que creo tanto en Ganas y Canas. Porque cuando nos abrimos a aprender unos de otros, descubrimos que todos tenemos algo extraordinario para compartir.


⚡ Ejercicio de la semana:

Piensa en algo que realmente te importe: un sueño, una relación, un proyecto o una transformación que quieras hacer posible.

Y pregúntate:

¿Hay algún NO que hayan recibido y que estén interpretando como el final, cuando quizás sea una invitación a aprender, prepararse y volver a intentarlo?

La convicción consiste en tener la valentía de trabajar por nuestros sueños incluso cuando no sabemos cuál será el resultado.


 ¡Gracias hija, por enseñarme que la convicción está en lo que decidimos hacer después de un NO!


Livi 💛

Comentarios


bottom of page