¿Qué pequeño gesto seguirá hablando de ti?

¿Cuál será ese pequeño gesto tuyo que seguirá vivo cuando ya nadie recuerde tus cargos, tus resultados o tus discursos?
La palabra gesto viene del latín gestus y, en su origen, significaba la manera de moverse o de comportarse. Con el tiempo, dejó de referirse únicamente a un movimiento del cuerpo para convertirse en una forma de expresar quiénes somos, incluso cuando no pronunciamos una sola palabra.

Esta semana tuve el privilegio de participar en una sesión de Everest, con un grupo muy especial de clientes de Davivienda. Habíamos diseñado un espacio para conversar sobre bienestar, compartir herramientas y, sobre todo, vivir una experiencia que nos recordara que las organizaciones también necesitan apostarle al cuidado de las personas.
Mientras hablábamos sobre el impacto que tienen los líderes en la cultura de una organización, mencioné a José Alejo Cortes, el hombre legado del Grupo Bolívar con su libro “Se vale ser bueno” y de quien siempre he admirado su manera de servir a los demás. Entonces ocurrió algo que no estaba en el programa: Mauricio Hernández, director de Experiencia y Felicidad para la Fundación Universitaria Area Andina, pidió la palabra...

“Antes de que sigas quiero contar algo que complementa lo que simboliza José Alejandro Cortés. Mi papá Ángel trabajó toda la vida en el Grupo Bolívar y cuando era niño, solía hablarme de él y sus gestos diarios que demostraban el valor de la humildad y el servicio a los demás:
Que nunca se sentaba hasta que todos estuvieran sentados.
Que no empezaba a comer hasta que todos hubieran recibido su comida.
Que siempre dejaba pasar primero a los demás antes de él seguir y ocupar su espacio."
El salón quedó en silencio y yo sentí en mi cuerpo una emoción de gratitud y felicidad, porque recordé el privilegio de vivir en la cotidianidad esos gestos tan característicos de José Alejandro, y el poder que tiene en las personas lo que hacemos en el día a día.
Esperar a los demás antes de comer no es simplemente una norma de cortesía, es una forma de decir: “Tú eres tan importante como yo”.
Ceder el paso no es únicamente educación, es una manera de reconocer la dignidad del otro.
Detrás de cada gesto cotidiano suele haber una convicción silenciosa sobre cómo concebimos la vida.
Las organizaciones recuerdan estrategias.
Las personas recuerdan gestos.
Una estrategia puede transformar un negocio mientras que un gesto puede transformar una vida.
En ese momento entendí que, después de tantos años, lo que seguía vivo eran los gestos cotidianos que habían viajado de un líder a un colaborador, de un padre a un hijo y, muchos años después, a un grupo de personas que no conocían a José Alejo.
Vivimos convencidos de que nuestra influencia está en las grandes decisiones, en las presentaciones memorables o en los resultados extraordinarios. Sin embargo, nuestra verdadera influencia se construye en aquello que hacemos todos los días sin darnos cuenta:
En cómo saludamos; cómo escuchamos.
En cómo tratamos a quien llega primero o a quien sirve el café.
En si esperamos al último o queremos ser siempre los primeros.
Los gestos tienen una fuerza silenciosa. Simplemente revelan nuestros valores, y aunque no nos demos cuenta, alguien los está observando y aprendiendo de ellos.
Son esos mismos gestos los que están moldeando la cultura de los equipos que lideras y el ambiente de la familia que construyes.
Son los que enseñan, sin palabras, qué es importante y qué no.
Son los que dejan huella en quienes trabajan contigo y en quienes más amas.
Los hijos aprenden mucho más de las escenas que presencian que de las conversaciones. No recuerdan todas las recomendaciones de sus padres, pero recuerdan cómo trataban al mesero, cómo hablaban de alguien que no estaba presente, cómo reaccionaban cuando cometían un error o cómo resolvían un conflicto. Los hijos observan a través de nuestros gestos cómo los vivimos.
Y por eso, quiero invitarte a hacer un ejercicio muy sencillo hoy...
⚡ Reto de la semana
Durante las próximas 24 horas presta atención a tus pequeños gestos; a esas acciones que haces casi de manera automática y que, sin darte cuenta, hablan de ti mucho más que cualquier discurso.
Y antes de terminar el día, regálate unos minutos para responder a esta pregunta:
✨ ¿Cuál será ese pequeño gesto tuyo que se quedará en el corazón de tu equipo, de tu familia y de las personas que más quieres?
Si todavía no sabes cuál es ese pequeño gesto que quieres dejar como legado para los demás, hoy puede ser el día para elegirlo. No tiene que ser extraordinario: puede ser escuchar con atención, agradecer con sinceridad, ceder el paso o hacer sentir importante a quien tienes cerca. Practícalo hasta que se vuelva parte de tu vida diaria, porque los legados no nacen de grandes discursos, sino de gestos cotidianos que alguien recibe, recuerda y decide multiplicar.
Tal vez muchos olviden lo que dijiste o lograste, pero no cómo los hiciste sentir. Elige hoy el gesto con el que quieres ser recordado y conviértelo, cada día, en tu legado.
Un fuerte abrazo,
Livi 💛




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