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¿Sabes pedir ayuda cuando la necesitas?

Foto del escritor: Livi Betancur
Livi Betancur
2 ago
3 min de lectura

Hay una idea silenciosa que se instala en muchas personas cuando acumulan experiencia en un dominio en particular: 

“Yo puedo solo(a) y no necesito de nadie”

Mientras más aprendemos, más reconocimiento recibimos y más personas acuden a nosotros buscando respuestas en ese dominio en el que somos expertos tanto en el terreno profesional como personal. Y eso hace que actos como levantar la mano y decir: “No puedo. ¿Me ayudas?” se consideren ajenos, lejanos e innecesarios para nuestra vida.

Sin darnos cuenta, confundimos la experiencia con la autosuficiencia, empezamos a creer que pedir ayuda significa que estamos perdiendo capacidad, credibilidad o incluso identidad. Pero la ayuda nunca deja de estar disponible; lo que a veces deja de estar disponible, es nuestra disposición a pedirla.


Livi Betancur Ganas y Canas

¿Qué significa para mí pedir ayuda?

Me gusta detenerme en las palabras porque casi siempre esconden una sabiduría que olvidamos.

Pedir viene del latín petere: dirigirse hacia, buscar, ir al encuentro de aquello que necesitamos. Es una palabra que implica decisión y movimiento.

Ayuda proviene del latín adiuvare: sostener, fortalecer, colaborar para que otro pueda lograr algo que, en ese momento, le resulta más difícil.

Juntas nos recuerdan que pedir ayuda es decidir caminar hacia alguien porque entendemos que con el otro podemos más fácilmente regresar al camino.

Esta semana me pasó algo que hacía mucho tiempo no experimentaba.

Durante más de siete años me dediqué a ser consultora: diseñaba talleres, construía metodologías y acompañaba organizaciones a transformar sus dinámicas y conversaciones.

Aunque hace doce años mi rol cambió y he trabajado en el mundo corporativo, es común que active de vez en cuando ejercicios para que los equipos o los líderes trabajen mejor. Esa es una de las cosas que más disfruto: crear, diseñar un taller, estructurar una conferencia o construir una experiencia de interacción, es parte de mi manera de pensar y de aportar; un espacio en el que normalmente me siento muy cómoda y que hoy en día, incluso con la inteligencia artificial, es más rápido y más fácil. Por eso me sorprendió tanto lo que ocurrió.

Me senté frente al computador para preparar un taller, abrí mis documentos, encendí la inteligencia artificial, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que no podía avanzar. Las ideas no aparecían, lo que la IA proponía no era lo que yo necesitaba, mi creatividad no se activaba... era como si alguien hubiera apagado un interruptor y lo que normalmente me fluía con tanta naturalidad, se convirtió en un enorme bloqueo que mientras más intentaba superar, más me paralizaba.


Livi Betancur_Resignificar tu historia

Fue ahí cuando apareció esa Livi que no es usual en mi ver: la que duda, la que se exige, la que se pregunta por qué algo tan natural me podría estar costando tanto trabajo.

Finalmente tomé una decisión que, paradójicamente, llevo años invitando a otros a tomar: pedí ayuda.

Eran las 8:30 pm y me atreví a decirle a un amigo y coach, Fernando Rey:

“Oye Fer, necesito ayuda ¿Puedes venir a mi casa? Me siento bloqueada y en un estado de burnout”. A lo que Fer contestó sin dudarlo: "Claro, termino de cenar y llego allá sin problema. Todo va a estar bien”. Su respuesta me regaló un alivio indescriptible y empecé a volver a la calma.

Mi amigo llegó con presencia, con paciencia, con preguntas y con la tranquilidad de quien confía en ti e intenta acompañarte, y así, poco a poco, las ideas comenzaron a regresar. Pero además recuperé algo mucho más importante: la serenidad.

Pedir ayuda es permitir que alguien sostenga el barco mientras recuperamos el rumbo. Pedir ayuda amplía nuestra capacidad y nos recuerda que el conocimiento es individual, pero la sabiduría es colectiva.

Para ayudarte a activar esta decisión, quiero invitarte a realizar un ejercicio muy sencillo esta semana.


⚡ Ejercicio de la semana: un tramo compartido

1️⃣ Piensa en un reto que estés enfrentando hoy. Cuando lo tengas claro responde estas preguntas:

  • ¿Qué estoy intentando resolver completamente solo por orgullo, miedo o costumbre?

  • ¿Quién podría ofrecerme una mirada diferente, aunque no tenga todas las respuestas?

2️⃣ Busca a una persona en tu entorno que pueda ayudarte y pídele unos minutos de su tiempo para enfrentar juntos este reto.

Tal vez descubras que no necesitas hacerlo todo.

Sólo necesitas dejar que alguien camine un tramo contigo.


En esta comunidad de Ganas y Canas creemos profundamente que donde la energía y la experiencia se encuentran, ambos salen fortalecidos.

Quizás esa sea una de las razones más poderosas para construir comunidad. Porque siempre habrá días en los que nosotros sostendremos a alguien. Y otros, como me ocurrió esta semana, en los que necesitaremos que alguien nos sostenga a nosotros.

Y está bien. Muy bien.


Un fuerte abrazo,


Livi 💛

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