Antes de buscar la luz...

Hace unos días grabé un episodio de Seguro nos pasa con Efrén Martínez. Estábamos hablando de salud mental y, en medio de la conversación, apareció una idea que se me quedó dando vueltas:
Las cosas más importantes de la vida son gratis. Solo tenemos que convertirlas en hábitos.
Efrén habló de cuatro prácticas aparentemente sencillas en el capítulo de Conectarse:
1️⃣ Fomentar vínculos significativos.
2️⃣ Realizar acciones significativas.
3️⃣ Ejercer la gratitud.
4️⃣ Usar, disfrutar y gastar lo que tenemos.

¡Amé estas cuatro prácticas!
Porque agradecer es gratis, abrazar es gratis, oír es gratis, disfrutar lo que ya tenemos no requiere tener más, llamar a alguien que queremos tampoco. Y hacer algo que tenga sentido puede estar al alcance de cualquiera.
Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto?
Quizás porque una cosa es saber lo que nos hace bien y otra muy distinta es convertirlo en hábito.
Y me quedé pensando en los míos.
En esas maneras de actuar que he repetido tanto que ya salen solas. Algunas quiero cultivarlas más. Otras seguramente debería abandonar. Y descubrí una categoría que me pareció todavía más interesante:
los hábitos que nacieron de algo bueno, que nos han servido durante años, pero que también necesitan evolucionar.
Yo tengo uno de esos: soy optimista. Lo he sido prácticamente toda mi vida. Es una manera de mirar el mundo que aprendí desde pequeña y que me ha acompañado en los momentos más difíciles.
Cuando algo sale mal, casi automáticamente busco qué podemos hacer. Cuando una puerta se cierra, empiezo a buscar por dónde más entrar. Cuando las circunstancias se ponen difíciles, hay algo dentro de mí que insiste en decirme: vamos a poder.
El optimismo me ha ayudado a levantarme, a perseverar, a movilizar a otros y a encontrar posibilidades donde aparentemente no las había. Y me encanta ser así. Pero hace poco descubrí algo que no había visto:
No solo tengo el hábito de buscar lo bueno para mí. También tengo el hábito de buscarlo inmediatamente para los demás.
Si alguien tiene un problema, busco una posibilidad, si siente miedo, quiero darle esperanza; si está pasando por un momento difícil, trato de mostrarle todo lo bueno que todavía tiene, si ve todo negro, casi sin pensarlo empiezo a buscarle un poquito de luz...

Esto lo hago desde el amor porque quisiera quitarle un poquito de dolor, porque a mí el optimismo me ha servido tantas veces que, de alguna manera, quiero prestárselo al otro cuando siento que lo ha perdido.
Hasta que una amiga me enseñó algo...
Es una amiga a la que quiero mucho y que en los últimos cinco años ha tenido que atravesar múltiples duelos, pérdidas, cambios y despedidas.
Y con los acontecimientos del 10 de agosto, llegó uno más.
Esta vez ella decidió parar, parar de seguir como si nada, parar de intentar estar bien, de buscar explicaciones. Decidió sentir su dolor.
Y yo quería desesperadamente mostrarle todo lo bueno que podía haber también en lo que le estaba pasando. Quería que viera lo que sí tenía, las posibilidades que podían aparecer, todo aquello por lo que podía agradecer, quería ayudarla a mirar hacia adelante.
Hasta que un día me dijo: “Si quieres hablar conmigo, no minimices lo que me ha pasado, solo quiero que me escuches”.
¡Uff! Me frenó en seco…
porque yo no sentía que estuviera minimizando nada, todo lo contrario, yo creía que estaba ayudando. Y entonces entendí algo que parece obvio, pero que a mí me costó ver:
Mi intención y el impacto que estaba teniendo en ella eran dos cosas diferentes: mi optimismo venía del amor, pero en ese momento no era lo que ella necesitaba. Ella no necesitaba que yo le encontrara la luz, necesitaba que reconociera su oscuridad.
No necesitaba que le explicara por qué todo iba a estar bien, necesitaba poder decir “Esto me duele” sin que yo intentara transformar inmediatamente ese dolor en esperanza. No necesitaba que yo le encontrara un aprendizaje, necesitaba que la oyera.
Esa conversación me hizo pensar mucho. No quiero dejar de ser optimista o dejar de creer que siempre existe una posibilidad, ni dejar de buscar lo bueno. Pero sí quiero aprender algo nuevo:
mi optimismo no puede tener más prisa que el dolor del otro.
Hay tristezas que necesitan ser sentidas antes de ser resignificadas, miedos que necesitan ser atendidos antes de recibir una solución, pérdidas que no necesitan una frase bonita, sino tiempo y hay momentos en los que acompañar no significa levantar inmediatamente a alguien, sino simplemente sentarnos a su lado mientras está en el piso.
Ahora descubrí que hay otro tipo de pausa que necesito practicar:
mi necesidad de arreglar lo que el otro siente.
Y entonces volví a pensar en Efrén y en el primero de esos cuatro hábitos: fomentar vínculos significativos. Porque un vínculo significativo se construye aprendiendo a estar con el otro como necesita que estemos y no siempre como a nosotros nos nace estar.
Así que decidí agregarle algo a mi hábito del optimismo: una pausa antes de decir “vas a ver que todo va a estar bien”, y primero parar, escuchar, preguntar y reconocer las emociones del otro.
Antes de buscar la luz, acompañar lo que hay.
⚡ Ejercicio de la semana:
Esta semana quiero practicar algo y te invito a hacerlo conmigo.
La próxima vez que alguien que quieras te cuente algo difícil, no intentes solucionarlo inmediatamente.
No busques todavía el lado bueno. No le cuentes lo que tú harías. No trates de convencerlo de que todo estará bien.
Haz una pausa. Escucha de verdad. Y pregúntale:
“¿Qué necesitas de mí en este momento?”
Quizás necesite una opinión.
Quizás quiera una solución.
Quizás necesite que le recuerdes que esto también pasará.
Pero quizás solo necesite que lo escuches.
Yo voy a practicarlo.
Porque sigo creyendo profundamente en el optimismo. Sigo buscando posibilidades. Sigo creyendo en la luz. Solo que ahora quiero aprender algo más: acompañar al otro en la oscuridad sin afán de encontrar esa luz.
te invito a escuchar la conversación completa con Efrén Marténez, a mí no solo me dejó aprendizajes; me dejó preguntas sobre mi propia manera de vivir, de relacionarme y de acompañar.
Y quizás valga la pena preguntarnos:
¿Qué de todo aquello que sabemos que nos hace bien todavía no hemos convertido en hábito?
🎧 Seguro nos pasa con Efrén Martínez: cómo cuidar la salud mental en momentos difíciles.
Livi 💛




Comentarios