¿Qué queda en pie cuando todo se mueve?

Esta semana la tierra se movió en Colombia y en otros países cercanos, pero sobre todo, se movió en mi tierra; en los mismos barrios que recorría los fines de semana cuando era pequeña para ir al Club de Tennis con mis papás y mi hermano, en la ciudad de Cali.
La tierra se movió, y con ella, también se movieron nuestras certezas.
Es extraño porque pasamos buena parte de la vida construyendo seguridad: hacemos planes, llenamos agendas, construimos un hogar, adquirimos una casa, organizamos el futuro y creemos tener bajo control el día siguiente.
Hasta que la tierra tiembla.
Y entonces todo se vuelve presente.
¿Dónde están los que amo?
¿Están bien? ¿A quién tengo que llamar?
¿Quién necesita ayuda?
En esos minutos nadie pregunta por el cargo, por la reunión que quedó pendiente, por quién tenía la razón, por la pelea de la noche anterior, por la fiesta o el evento que teníamos planeado o por aquello que ayer parecía tan urgente e importante.
Y aparece lo esencial, además con una sensación que me llevó de regreso a la pandemia. A esos días largos, densos, llenos de emergencia silenciosa, donde la vida parecía suspendida entre noticias, alertas y llamadas. Volvió esa forma de estar en el mundo en la que lo primero es ubicar a las personas, saber quién está bien, quién necesita ayuda, cómo llegar, cómo hacer puentes, cómo sostener.
Esa mezcla de hiperconexión y desborde, de estar disponible para todos, pero al mismo tiempo sentir una profunda impotencia; la sensación de querer hacer más rescates de los que realmente alcanzan en las manos, de mirar el dolor y no poder abarcarlo todo, de sentir la fragilidad no como idea, sino como experiencia viva.
La vida puede cambiar en segundos, y nosotros solo podemos intentar responder con lo que tenemos. La fragilidad hace parte de nuestra esencia y muchas veces la olvidamos.
Fragilidad viene del latín fragilis: aquello que puede romperse, y esta semana hemos sentido como colombianos eso que se nos mueve por dentro.
Nos dimos cuenta de lo rápido que se desordena el mundo, de lo poco que controlamos, de lo mucho que necesitamos de otros y de lo profundamente humanos que somos cuando todo se tambalea.
Reconocer que somos frágiles nos permite valorar y valorarnos, nos hace más honestos, atentos, disponibles, capaces de tender puentes cuando todo parece separarse.

Después de un terremoto miramos las grietas de los edificios, pero también es una oportunidad para mirar nuestras propias grietas...
¿Qué se movió dentro de mí?
¿Qué urgencias perdieron peso?
¿A quién sentí la necesidad de escribirle de inmediato?
¿Qué agradecí en silencio cuando supe que estaba bien?
La invitación de esta semana es muy sencilla: no esperemos a que la tierra vuelva a moverse para recordar lo que verdaderamente importa.
Hoy Colombia está adolorida, hay personas que perdieron mucho más que la tranquilidad de unos minutos. A ellas, nuestra solidaridad, nuestra presencia y nuestras manos. Y para todos nosotros, una pregunta:
Cuando todo se mueve, ¿qué quieres que permanezca en pie dentro de ti?
⚡ Ejercicio de la semana:
Volver a lo esencial en medio del movimiento
Esta semana no se trata de “entender” la fragilidad, sino de reconocerla en la vida real. Para ello, te propongo tres momentos simples:
1️⃣ Nombrar el movimiento
¿Qué sentí en el momento del temblor?
¿Qué fue lo primero que pensé o hice?
¿A quién busqué o quise buscar?
2️⃣ Identificar lo esencial
¿Qué fue lo único que importó en esos minutos?
¿Qué dejó de ser importante de inmediato?
¿Qué me mostró eso sobre mis prioridades?
3️⃣ Un gesto de puente
Elige una acción concreta para hoy. Puede ser un simple mensaje para:
● Saber cómo está una persona
● Agradecerle a quien te sostuvo en estos días
● Acompañar a alguien preguntándole: ¿Necesitas algo?
Recuerda: en la fragilidad descubrimos lo que se rompe y también lo que nos une.
Me he encontrado con que muchas personas, y sobre todo muchos niños y sus padres, han estado muy nerviosos estos días; con miedo a separarse para ir a la oficina o al colegio, con miedo a subir un edificio de gran altura o a dormir con tranquilidad. Es un momento de fragilidad donde las emociones están a flor de piel y poder encontrar espacios seguros para desahogarse es muy importante.
Quiero invitarte a que sintonices el podcast “Tomando el Pulso" y específicamente el episodio "Liderar también es cuidar” , que comparte una de las prácticas que tenemos en el Grupo Bolivar y que nos ayuda a sostenernos en nuestra fragilidad.
Hoy más que nunca necesitamos tener espacios para expresar nuestra emociones y sentir que no estamos solos es muy importante.
En este momento las cajas de compensación, las asociaciones públicas de compromiso en las grandes ciudades han montado redes de ayuda para acompañar emocionalmente a las personas. Si te sientes identificado busca estas redes de ayuda o conversarlo con tus seres queridos porque la fragilidad nos habita y es importante abrazarla juntos.
Y si eres líder este es un muy buen momento para escuchar a las personas de tu equipo y generar vínculos aún más cercanos.
Un fuerte abrazo,
Livi 💛





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