Construir país desde el Amor
- Livi Betancur

- 30 may
- 3 min de lectura
Estoy terminando de leer “El hombre que amaba a los perros”, del cubano Leonardo Padura. Es el libro de este mes en el club de lectura al que pertenezco hace más de tres años, liderado por mi gran amiga, Caty Rengifo.
Una novela densa, histórica y a veces incómoda.
No la he terminado, pero me ha tenido pensando mucho...

Este libro cuenta la historia de Trotsky; de su asesino, Ramón Mercader, y de Iván (un escritor cubano que sobrevive en medio del hambre, los apagones y la escasez), mientras carga con un secreto que no puede contar.
Lo que más me ha impactado de esta novela es cómo personas llenas de ideales genuinos, de sueños reales de un mundo mejor, terminan atrapadas en sistemas que las consumen; no porque sean malas, sino porque el miedo al otro termina siendo más grande que el amor por lo que querían construir.
Y por supuesto, en un momento de tanto ajetreo político, ha sido inevitable leerlo pensando en Colombia.
Este mes tuvimos el placer de conocer a una pareja de americanos canosos. Estaban sentados al lado nuestro en un evento y nos preguntaron: ¿Ustedes de dónde vienen? — De Colombia —respondimos. Sonrieron de inmediato. “Hemos recorrido el mundo entero y decidimos que queremos vivir nuestra vejez en Colombia. No existe un lugar más bonito que Guatapé”.

Esta pareja había planeado toda su vida retirarse y vivir en Grecia hasta que conocieron Colombia. Hablaron de nuestras montañas, de nuestras frutas, de la manera en que la gente aquí mira a los ojos, de esa mezcla rara de intensidad, alegría y humanidad. Y los escuché pensando en algo que a veces olvidamos los que vivimos aquí: lo que tenemos es extraordinario.
Pero hay algo que me preocupa... En medio de las elecciones, las redes y el ruido, estamos cayendo en la trampa que Padura describe tan bien: creer que el que piensa diferente es el enemigo. El estado contra el empresario, los de arriba contra los de abajo o los que tienen contra los que no tienen. Y mientras tanto, la gente que no tiene oportunidades, la que vive el hambre de verdad, no como metáfora literaria sino como realidad diaria, sigue esperando que los adultos de este país se pongan de acuerdo.
Porque lo que Colombia necesita no es elegir entre el estado, las empresas o los ciudadanos. Los necesita a los tres: un Estado que garantice derechos y abra caminos, empresas que generen empleo y apuesten por este país y cada ciudadano que, con ganas, quiera salir adelante, no a punta de limosna sino a punta de oportunidades.
Eso no es ingenuidad; es la única manera real de crecer.
No se trata de volver a lo que teníamos, ni de defender a unos u a otros, se trata de construir algo nuevo juntos desde el amor y la union.
Eso es exactamente lo que promovemos desde la Fundación Ganas y Canas: la conexión, el encuentro, no solo entre generaciones sino entre todos como ciudadanos, por un país en el que merece la pena vivir, disfrutar y seguir llenándolo de esperanza para todos.

Todas las personas somos un regalo cuando activamos el superpoder del AMOR: las que tienen empresa y las que la sueñan; las que trabajan por ellas, las que gobiernan el estado y las que gestionan las leyes. Todo lo que pasa en nuestro país nos incumbe a todos y necesitamos involucrarnos.
Mañana todos vamos a decidir ¡Y qué importante que lo hagamos desde la unidad!
Que sigamos creciendo y creyendo en este país. Un país donde cabemos todos. Donde encontramos razones todos los días para no sentirnos extranjeros, sino acogidos y dueños de nuestro futuro.
¿Podemos construir un país desde el Amor? Y No se trata de un concepto romántico y fantasioso del amor, se trata de comprender que Colombia no se construye desde los extremos, se construye desde el reconocimiento de que nos necesitamos. Todos. Sin excepción.
Por eso, hoy te invito a un ejercicio diferente...
⚡ Reto de la semana: el punto de humanidad
Piensa en alguien con quien no estás de acuerdo. Alguien que vota diferente, que sueña un país diferente al tuyo.
Hazte esta pregunta: ¿qué tiene esa persona que admiro, aunque no lo diga en voz alta?
No se trata de cambiar tu posición. Se trata de encontrar el punto de humanidad compartida antes de empezar cualquier conversación.
Ese es el músculo que Colombia necesita hoy.
regresé de mi viaje agradecida de haber nacido aquí, de escuchar nuestro acento, de disfrutar nuestra comida, de ver nuestros colores, de hacer un mercado con variedades, de saber que pertenezco a esta tierra imperfecta, intensa, caótica y absolutamente mágica y bonita. Y más que nunca, convencida de que nos necesitamos.
Con todo mi amor,
Livi 💛





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