top of page

Cuando el corazón suspira...

  • Foto del escritor: Livi Betancur
    Livi Betancur
  • 8 jun
  • 5 min de lectura

 ¿Alguna vez has sentido que de manera continua te atrapan los suspiros? 

Los suspiros han estado visitándome de manera progresiva en las últimas semanas...

Empezaron como una caricia de mañana y fueron incrementándose sin que me diera cuenta, hasta que decidieron mostrarme que era momento de parar y reconocer para qué estaban allí.


El hombre que amaba a los perros

La semana pasada terminamos el tercer nivel del entrenamiento de coherencia del corazón, recién llegados de nuestro viaje. 

Este módulo estuvo dedicado a la biogenética, y como ejercicio de aplicación, el Dr. Saenz nos invitó a una meditación para enviar Amor y Paz a nuestro país.

El corazón además de ser un centro emocional poderoso, es el órgano que programa el funcionamiento de nuestras células a través de la sangre que recorre todo nuestro cuerpo, y se alimenta de las emociones que sentimos y las creencias que tenemos.

El origen de las enfermedades y las inflamaciones del cuerpo son producto de emociones sostenidas en el tiempo como miedo, angustia, rabia, ansiedad, tristeza profunda, culpa o desconexión y las creencias que fijamos en el subconsciente desde pequeños.

Salí del entrenamiento con los suspiros en aumento pensando mucho en el poder del corazón, pero no me imaginé que unos días después lo viviría con intensidad en mi propio cuerpo.

Esta semana sentí un dolor tan fuerte en el pecho que por un momento pensé que estaba teniendo un infarto. Se me durmió el brazo izquierdo y sentí una punzada fuerte y sostenida en la espalda cerca al omóplato, tanto que terminé en la clínica en exámenes, y aunque salieron todos perfectos, al cierre del día estaba sin voz, con laringitis y un suspiro constante atrapado en mi pecho.

Suspiraba mientras trabajaba, mientras intentaba bajar la voz, mientras respondía correos, hacía encuestas, calificaba experiencias, retroalimentaba ejercicios; mientras respiraba en “calma” e incluso cuando creía estar "tranquila".

Por supuesto, esto comenzó a llamar mi atención, y descubrí que el cuerpo suspira cuando sostiene más de la cuenta una tensión emocional. El suspiro es una forma automática que tiene el sistema nervioso de intentar regularse, como si el cuerpo tratara de liberar una carga interna que ya no sabe cómo sostener.

Pero cuando el suspiro deja de ser ocasional y se vuelve una constante, se convierte en una señal: el pecho se aprieta, la respiración se vuelve superficial, el cuerpo entra en alerta y entonces suspiramos una y otra vez intentando recuperar aire y también tranquilidad.

El cuerpo siempre está hablando. Incluso cuando creemos que estamos “bien”.

Lo más hermoso en medio de esos días fue que mi maestra y enfermera favorita estaba aquí conmigo: Isabella, mi hija.

Cada vez que converso con ella aprendo algo nuevo de la vida, y el viernes no fue la excepción. Mientras estaba acostada, intentando comprender lo que me estaba pasando, ella empezó a hablarme de una escritora que admiraba profundamente: Marjane Satrapi.

Para mí fue todo un descubrimiento; no sabía de su existencia y mucho menos de su arte y del género literario que lideró en nuestra historia reciente. Marjane Satrapi fue una escritora, ilustradora y cineasta iraní que logró transformar el dolor en dibujos.


Guatapé Antioquia

Su obra más famosa, Persépolis, es una novela gráfica autobiográfica donde cuenta su infancia en Irán durante la Revolución Islámica; la guerra, el miedo, las pérdidas, el exilio y la sensación de no pertenecer completamente a ningún lugar.

Pero lo más impresionante es cómo lo hace. Con ilustraciones sencillas en blanco y negro logra hablar de temas profundos del alma humana como la tristeza, la rebeldía, la identidad, el miedo, la libertad y la nostalgia.



Y así fue como descubrí un nuevo género literario que Isabella me enseñó esta semana: la novela gráfica.

¡Qué fuerza tan impresionante tiene! Confieso que empecé a leerla y no pude parar hasta terminarla.

Mientras hablábamos de esta artista, Isabella me contó algo que la tenía profundamente afectada: Marjane murió el pasado 4 de junio a los 56 años, después de vivir un duelo profundo por la muerte de su esposo Mattias Ripa en abril del 2025. Y aunque alrededor de su muerte han surgido interpretaciones poéticas sobre haber “muerto de amor”, lo que realmente estremeció a Isabella (y a mí por igual) fue comprender hasta qué punto las emociones pueden atravesar el cuerpo humano.

Porque aunque la frase suene literaria, el corazón sí puede enfermarse cuando se vive un dolor emocional extremo. Existe incluso algo que la medicina llama el “síndrome del corazón roto” o miocardiopatía de Takotsubo, en el que el cuerpo no distingue tan fácilmente entre una herida física y una emocional. Sus síntomas son muy parecidos a los de un infarto y en algunos casos puede ser mortal.

Y entonces todo empezó a conectarse dentro de mí...

La coherencia del corazón.El dolor emocional.El cuerpo hablando.Los suspiros constantes.El arte como refugio.La sensibilidad de Isabella.Y este nuevo lenguaje donde la ilustración logra tocar lugares donde las palabras no alcanzan.

Cuando empecé a leer Persépolis, comprendí mucho más la pasión de Isabella por la ilustración. Entendí que ilustrar es ponerle imagen al alma. Es tomar emociones difíciles como la rabia, la opresión, el miedo, la nostalgia, el desarraigo, la tristeza, y volverlas visibles para que otros puedan sentirse acompañados.

Durante años Isabella me dijo que quería estudiar arteterapia. Creo que de alguna manera intentaba volver “más entendible” su amor por el arte, como si necesitara justificarlo desde algo útil o práctico. Y lo que descubrió recientemente es mucho más profundo: lo que realmente ama es la ilustración con historia, poder unir escritura, imagen y emoción para hablar de temas difíciles del alma humana.

Mi hija llevaba varios meses a la distancia mostrándome sus trabajos, sobre todo uno que terminé de apreciar de verdad después de leer Persépolis, porque mis suspiros me permitieron abrirle la puerta a escuchar los sucesos que nos pasan, y que aunque a veces no sean tan positivos, merece la pena reconocerlos.

Quiero coompartirte este cortometraje de su proyecto final, que habla de los feminicidios en latinoamérica y cómo la sociedad y los medios suelen ponerlos como casos aislados en lugar de una problemática que pone en peligro a las mujeres en todas las edades.

Y hoy creo que eso es profundamente sanador.

El arte sigue siendo uno de los pocos espacios donde todavía podemos sentir sin pedir permiso:

Llorar. Recordar. Procesar. Sanar.


Cortometraje: ¿Por qué nos matan? por Isabella Gómez Betancur
Cortometraje: ¿Por qué nos matan? por Isabella Gómez Betancur

A través del mundo del arte que Isabella me enseñó entendí algo muy importante:

La coherencia del corazón no significa no sentir dolor, significa aprender a escuchar lo que el corazón viene intentando decirnos hace mucho tiempo, porque muchas veces las emociones no llegan para destruirnos, llegan para revelarnos algo, una herida, un límite, una nostalgia, un miedo y una verdad que no habíamos querido mirar. El problema no es sentirlas, sino expulsarlas demasiado rápido, anestesiarlas o juzgarlas. 

El corazón habla de maneras muy extrañas.

A veces habla a través del cansancio.Otras veces a través de la ansiedad.Y a veces habla con un dolor tan fuerte que nos obliga a detenernos y escucharlo.

Por eso, hoy siento que si el corazón nos muestra una emoción nueva, incluso incómoda o dolorosa, lo primero que necesitamos hacer es darle la bienvenida, permitirle sentarse con nosotros un momento.

Escuchar qué quiere decirnos.Qué quiere mostrarnos.Qué necesita dibujar dentro de nosotros.

Es por eso que el arte sana tanto. Porque logra hacer visible aquello que el corazón llevaba mucho tiempo intentando pronunciar en silencio; y ahí aparece una nueva forma de coherencia: la de atrevernos a sentir profundamente aquello que nos hace humanos.

Y además de agradecerle a mi hija, hoy también quiero agradecerle a Persépolis, a Marjane Satrapi y a mis suspiros, porque sin saberlo, esta semana me ayudaron a comprender algo muy íntimo: de dónde viene ese dolor que estoy sintiendo en el corazón; un dolor que no apareció de un momento a otro; un dolor que seguramente llevaba tiempo intentando hablarme.

Hoy entiendo que sanar no significa ignorar el dolor o hacerlo desaparecer rápidamente; significa hacerme cargo de él. Escucharlo. Mirarlo con honestidad. Permitirme sentirlo. Y tal vez, poco a poco, empezar también a dibujarlo dentro de mí.


Con todo mi amor,


Livi 💛

Comentarios


bottom of page