La historia de solidaridad que cambió mi rumbo...

Hace 13 años escuché una historia que terminó cambiando el rumbo de mi vida.
En ese momento tenía mi propia empresa de consultoría y no estaba buscando volver a ser empleada. Pero me contaron lo que había ocurrido en el Grupo Bolívar después del terremoto de Armenia: cómo sus líderes y voluntarios habían viajado a las zonas afectadas, cómo habían puesto sus conocimientos, su tiempo y sus manos al servicio de las personas y cómo habían decidido acompañarlas mucho más allá de lo que decía una póliza.
Mientras me lo contaban, yo trataba de imaginar ese momento, imaginaba a esos líderes llegando a Armenia, a los voluntarios dejando por unos días sus cargos y sus agendas, a personas de distintas profesiones poniéndose al servicio de otras que acababan de perderlo todo.
Y recuerdo haber pensado:
“Qué bonito vivir un momento de solidaridad así”.
Un momento difícil para muchos que se convierte en la posibilidad de presenciar lo que sucede cuando una organización entera recuerda para qué existe, cuándo los cargos pasan a un segundo plano y aparece el propósito convertido en acción.
Esa historia me conmovió el alma, porque detrás de ella descubrí el valor de una organización que vive su propósito de “enriquecer la vida con integridad” y recuerdo haber pensado: “Yo quiero trabajar en un lugar así”.
Y esa historia terminó siendo una de las razones por las que dejé mi empresa y decidí volver a ser empleada.
Nunca imaginé que, trece años después, la vida me permitiría regresar a ella. Solo que esta vez nadie me la estaba contando, sino que yo estaba viviéndola...

Esta última semana he tenido la fortuna de estar cerca de nuestros equipos, ayudando a organizarnos para responder a una emergencia que nos ha confrontado con la fragilidad, el miedo y la incertidumbre de tantas personas.
Y ha sido emocionante ver aparecer, una y otra vez, algo que hace 13 años solo había podido imaginar: personas levantando la mano.
Ingenieros, abogados, médicos, comunicadores, personas de talento humano, administrativos, comerciales y profesionales de tantas disciplinas y oficios poniendo voluntariamente su conocimiento, su tiempo, su experiencia y su talento al servicio de nuestro propósito.
Más allá de su cargo, edad y del lugar en el que se encontraran, a todas las unía una misma intención: “Yo puedo y quiero ayudar”.
Algunos evaluando daños, otros escuchando, otros organizando, otros coordinando, otros comunicando, resolviendo necesidades o acompañando conversaciones difíciles. Cada uno poniendo aquello que sabe hacer al servicio de alguien que lo necesita. He visto personas cambiar sus agendas, viajar a diferentes regiones, trabajar 7x24 y preguntarse “¿Qué más podemos hacer?”.
La solidaridad es una decisión, la decisión de poner lo que sé, lo que tengo y lo que soy al servicio de otro cuando más lo necesita.
En medio de todo esto pensé muchas veces en mi hija.
Durante años, Isabella me ha traído historias que encuentra en redes sobre compañías de seguros que no cumplen su promesa. Historias que la indignan y que muchas veces terminan convirtiéndose en preguntas incómodas para mí, y me gusta que lo haga, porque su mirada me recuerda que el verdadero objeto social es el que se hace visible cuando alguien nos necesita.
Isabella y mi esposo habían visto cómo nuestros equipos se estaban movilizando y cómo tantas personas estaban poniendo voluntariamente su conocimiento, su tiempo y su talento al servicio de un propósito mayor. Además, conocieron la decisión de Grupo Bolívar y Davivienda de donar 110.000 millones de pesos para apoyar la atención de la emergencia y contribuir a la reconstrucción de las zonas afectadas.
Entonces los dos me dijeron algo que me emocionó muchísimo:
“Qué orgullo ser parte de una organización tan íntegra y solidaria”.
Y viniendo de Isabella, esa frase tuvo para mí un significado enorme. Porque mi hija, que tantas veces me había confrontado con historias de aseguradoras que no cumplían su promesa, estaba viendo algo diferente; estaba viendo coherencia e integridad; valores que se vuelven decisiones cuando llega el momento de ponerlos a prueba.
Pero la historia es mucho más grande que nosotros, porque estas dos semanas también me han permitido mirar mucho más allá de nuestra organización.
He visto la solidaridad de nuestro país.
Empresas, organizaciones, comunidades, autoridades, voluntarios y ciudadanos movilizándose por seres humanos a quienes, en muchos casos, ni siquiera conocen.
Los aportes empresariales para atender la emergencia y apoyar la reconstrucción ya superan el billón de pesos.
Mientras nosotros levantábamos la mano desde nuestros equipos, miles de personas estaban haciendo lo mismo desde otros lugares. Y cuando muchos decidimos movernos en la misma dirección, por un instante nuestras diferencias parecen hacerse más pequeñas que nuestro deseo de ayudar.

¿De dónde viene la palabra solidaridad?
Solidaridad está relacionada con la expresión latina in solidum y con solidus: lo sólido, lo firme, lo entero. En su origen jurídico estaba asociada a la responsabilidad por el todo, a esa idea de que una obligación compartida podía ser asumida enteramente por quienes estaban unidos a ella.
Cuando somos solidarios ayudamos a sostener aquello que por un momento se ha quebrado, podemos sentir empatía frente a la situación de alguien, sentir compasión frente a su dolor.
La solidaridad nos mueve a actuar, y cuando muchos actuamos por el otro, nos unimos y este es uno de sus efectos más poderosos.
⚡ Ejercicio de la semana: Un gesto de solidaridad
Piensa por un momento en estos días después del terremoto en un gesto de solidaridad que hayas visto, recibido o entregado.
Tal vez fue una llamada. Una mano. Alguien que apareció sin que se lo pidieran. Una persona que dejó lo suyo para ayudar. Un equipo que se movilizó. O simplemente alguien que preguntó: ¿qué necesitas?
Ahora completa estas tres frases:
Alguien fue solidario conmigo cuando…
Yo fui solidario con alguien cuando…
Esta semana puedo ser solidario con…
Porque quizás la solidaridad también sea eso: reconocer que ninguno de nosotros puede solo.
A veces somos la mano que sostiene. Y otras veces somos la mano que necesita ser sostenida.
¿De quién puedes ser esa mano esta semana?
Para mí la solidaridad se mide por lo que estamos dispuestos a hacer con eso que sentimos frente al dolor del otro.
Hace 13 años una historia de solidaridad cambió el rumbo de mi vida.
Hoy entiendo que me conmovió tanto porque, aun sin saberlo, estaba viendo el propósito en su forma más pura.
Hoy la vida me permitió regresar a esa historia.
Esta vez no para escuchar lo que otros habían hecho, sino junto a muchos otros levantando la mano y preguntando: “¿Qué más podemos hacer?”
Creo que en eso consiste finalmente la solidaridad...
Decidir juntos poner lo que somos al servicio de algo que se rompe, para volver a hacerlo sólido.
Un fuerte abrazo,
Livi 💛




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