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Sosiego para comprender la diversidad

Foto del escritor: Livi Betancur
Livi Betancur
18 oct
6 min de lectura

Esta semana viví una experiencia que me dejó pensando en algo que parece sencillo, pero que en la práctica me cuesta mucho: hacer espacio para que otros nos muestren el mundo desde su propia perspectiva.

Estaba invitada a participar en un panel sobre cultura y bienestar durante la IV Cumbre Global de DCH 2026 en México; uno de los encuentros que más disfruto cada año porque nos reúne a líderes de talento humano de diferentes países, industrias y organizaciones para compartir experiencias y elevar nuestro conocimiento colectivo.


Livi Betancur Ganas y Canas

Había preparado mis ideas; tenía mucho que compartir sobre lo que venimos construyendo en Seguros Bolívar alrededor de la cultura, el cuidado de nuestra gente y el bienestar como un verdadero apalancador de la productividad.

Pero unos días antes me anunciaron un cambio: ya no sería panelista; seria la moderadora.

Mi primera reacción fue de incomodidad… de desasosiego…. pensaba: "¿Y ahora cómo voy a compartir nuestras experiencias y aprendizajes?"

Me descubrí pensando en lo que ya no podría decir, en el por qué me ponían de moderadora cuando no era Partner sino Presidente de Junta Directiva de País, y entonces apareció una palabra que hoy quiero compartirte:

El Sosiego

El sosiego es ese estado de serenidad interior que nos permite mirar lo que sucede sin dejarnos arrastrar por nuestra primera reacción.

Un estado que nos regala un pequeño espacio entre lo que sentimos y lo que decidimos hacer con eso que sentimos. Y ese espacio, puede cambiarlo todo...

Cuando asumí mi nuevo papel, tuve que prepararme de otra manera. Necesitaba conocer mejor a cada panelista, comprender sus organizaciones, entender sus desafíos, descubrir sus luces y reconocer las experiencias que podían enriquecer nuestra conversación.

Comencé a hacer preguntas que no me había hecho antes, a investigar y a oír. Y poco a poco algo empezó a cambiar... Ya no estaba pensando en lo que yo quería contar; estaba genuinamente interesada en lo que podía descubrir. 

Me encontré con experiencias empresariales muy distintas, como la de Luis del Castillo, CHRO de Belcorp, enfrentando el desafío de sostener una cultura compartida en una organización presente en más de 14 países. La de Sofía Sánchez, CHRO de Hif, una empresa chilena joven, dedicada a las energías renovables una industria que está transformando el futuro con un comité diverso y muchísimas nacionalidades juntas construyendo. O la de Angélica Garza, CHRO de Aeroméxico, que ha vivido una reestructuración con propósito a tal punto que en medio de una situación difícil, los directivos de su empresa decidieron reducir sus salarios en un 70 % para contribuir a sacarla adelante ¡Y lo lograron!.

3 realidades, 3 maneras de entender el liderazgo y 3 contextos que exigen respuestas diferentes.

Mientras los oía, comprendí que si hubiera estado concentrada en compartir mis propias respuestas, me habría perdido buena parte de esas historias. Y me hice una pregunta que hoy quiero dejarte:

¿Cuántas veces estamos tan ocupados defendiendo nuestra manera de ver el mundo que dejamos de descubrir la riqueza que hay en la mirada de los demás?

La diversidad empieza también cuando liberamos nuestros sesgos, y esta experiencia llegó en un momento muy especial, porque quiero seguir adelantándote algunas de las conversaciones que la Fundación de Ganas y Canas está trayendo con el nuevo libro:

La diversidad está presente en todas partes

En nuestras familias, donde cada uno recuerda de manera diferente una misma historia. En las parejas, donde convivimos con maneras distintas de expresar el afecto. En las amistades, donde encontramos personas que toman decisiones que nosotros jamás tomaríamos. Y, por supuesto, en nuestras organizaciones, donde compartimos proyectos con personas que crecieron en épocas, culturas y circunstancias diferentes.

La diversidad también está dentro de cada uno de nosotros, porque las experiencias que vivimos van transformando nuestras propias convicciones.

A veces nos encanta hablar de diversidad hasta que nos encontramos con alguien que piensa muy distinto, entonces aparece el desasosiego. Nos cuesta entender por qué alguien trabaja de otra manera, por qué tiene prioridades diferentes o por qué cuestiona algo que para nosotros parece evidente.

Y ahí es donde el sosiego cobra valor.

Porque comprender a alguien exige algo más que escucharlo hablar: exige suspender por un momento nuestras certezas para acercarnos a su historia.

Hoy nuestras organizaciones viven una realidad extraordinaria, en algunas de ellas conviven hasta cinco generaciones. Personas que crecieron cuando el teléfono era un aparato fijo y personas que nunca han conocido un mundo sin internet; personas que comenzaron su vida laboral cuando la estabilidad significaba permanecer décadas en una empresa y otras que ingresaron al trabajo en un mundo donde cambiar, reinventarse y aprender continuamente forma parte de su experiencia.

Haber nacido en una época nos permite comprender parte de nuestra historia, pero jamás debería convertirse en una profecía sobre nuestra manera de ser, porque dos personas de la misma edad pueden tener visiones completamente diferentes y dos personas separadas por cuarenta años pueden compartir los mismos sueños, valores y maneras de trabajar.

Por eso, cuando hablamos de diversidad generacional, necesitamos mirar más allá de las etiquetas.

El capítulo de diversidad generacional invita a los líderes a reconocer cómo está compuesta su organización, qué historias conviven en ella y qué oportunidades aparecen cuando esas experiencias encuentran espacios para conocerse. Y reconocerla requiere curiosidad, humildad y, muchas veces, sosiego.

Pero también quiero compartirte algo que me ha traído mucha alegría en los últimos días...

De la Cumbre de DCH viajé a Chicago para pasar unos días con mi hija Isabella.

¡Y no te imaginas lo feliz que estoy!



Estar con ella, entrar en su mundo, conocer a sus amigos y descubrir la vida que está construyendo aquí es como viajar a otro planeta ¡Y qué maravilla de planeta! 😍

Este fin de semana coincidió con una tradición de su universidad en la que los estudiantes de maestría, abren sus aulas para compartir sus experiencias y presentar sus trabajos. Me he encontrado con tantos seres humanos maravillosos, tantas historias, identidades y formas de expresar quiénes son (confieso que todavía estoy intentando aprenderme todos los géneros 🫣).

Y mientras observo, escucho y aprendo, pienso en algo que me conmueve profundamente: Isabella difícilmente habría tenido esta experiencia de diversidad si no hubiera tomado la decisión de venir a estudiar aquí. Y yo tampoco estaría viviendo este aprendizaje de la misma manera si no fuera por ella.

Me emociona descubrir cómo su mundo amplía el mío, como su generación me invita a cuestionar ideas, aprender nuevos lenguajes y comprender realidades que antes estaban muy lejos de mi cotidianidad.

Y vuelvo al sosiego.

Porque para entrar verdaderamente en el mundo de otra persona necesitamos dejar por un momento nuestras propias referencias, aceptar que hay cosas que todavía no comprendemos y disfrutar la posibilidad de aprender.

Por eso, te propongo un pequeño ejercicio para esta semana:


⚡ Ejercicio de la semana:

1️⃣ Piensa en una persona con la que hayas sentido alguna incomodidad recientemente. Puede ser alguien de tu equipo, de tu familia o de tu círculo de amigos. Alguien cuya forma de pensar, decidir o actuar sea diferente de la tuya.

Ahora hazte tres preguntas:

1) ¿Qué me incomoda realmente de esa persona o de su manera de actuar?

2) ¿Qué parte de su historia o de sus circunstancias desconozco?

3) ¿Qué podría descubrir si, en nuestra próxima conversación, me propusiera comprender antes de responder?

2️⃣ Si puedes, busca esa conversación durante la semana.

Escucha con curiosidad. Pregunta sin intentar demostrar que tienes razón. Permite que aparezca algo que todavía no sabes.

Y observa qué pasa.

A veces, cuando cambia el lugar que esperábamos ocupar, también cambia la oportunidad que tenemos de aprender.


 Pienso en la cantidad de conversaciones que podríamos transformar si llegáramos a ellas con menos respuestas preparadas y más disposición para descubrir.

El sosiego nos permite hacer ese espacio. Nos ayuda a reconocer nuestra incomodidad, a escuchar otras perspectivas y a permitir que la diversidad nos sorprenda. Porque cada persona tiene una historia que desconocemos, una experiencia que puede enseñarnos y una manera particular de comprender la vida.

Esta semana, entre México y Chicago, entre Ganas y Canas y mucho sosiego, he sentido que la diversidad tiene un regalo maravilloso: cuanto más nos abrimos a comprender a otros, más grande se vuelve nuestro propio mundo.


Livi 💛

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