top of page

¿Conoces tus ritmos?

  • Foto del escritor: Livi Betancur
    Livi Betancur
  • 18 ene
  • 5 Min. de lectura

¿Te ha pasado que arranca el año y ya sientes que vas tarde… aunque apenas estemos empezando?

 

Como si el calendario anunciara “nuevo comienzo” y el cuerpo todavía no alcanzara el ritmo.



 

Vivimos en un mundo donde correr parece sinónimo de importar. Donde estar ocupado suena a virtud. Donde responder rápido se confunde con estar presente.

 

Pero la velocidad sostenida tiene un costo silencioso: nos quita centro.

Y sin centro, incluso lo importante se vuelve pesado.

 

A veces no es que falte tiempo.

A veces falta espacio interior.

A veces corremos para no escuchar lo que aparece cuando bajamos el volumen.

 

Esta semana intenté algo muy concreto con mi equipo: en varias reuniones les pedí que nos desconectáramos de lo digital mientras estábamos juntos construyendo. Fue un esfuerzo consciente por estar aquí —en la conversación, en la mirada, en el silencio, en lo que se estaba creando—. Y aun así, al mismo tiempo, la agenda estuvo llena. Días largos. Actividades encadenadas. Y esa sensación de “debo” que aparece cuando uno siente que le está quedando mal a alguien: a la hija, a la familia, a los amigos, al cuerpo, a uno mismo.

 

Ahí aparece la ambivalencia que muchos estamos viviendo: queremos presencia, pero estamos habitando velocidad. Y la presencia, cuando se vuelve una exigencia dentro del afán, deja de ser presencia: se vuelve otra tarea.

 

En una conversación con mi equipo, apareció un concepto que me abrió una puerta: los ritmos circadianos. “Circadiano” viene del latín circa (alrededor) y dies (día): ciclos cercanos a 24 horas. En otras palabras: un reloj interno.

 

Ese reloj regula, entre muchas cosas:

 

🧘‍♀️ Cuándo el cuerpo realmente se despierta (no solo abre los ojos)

Cómo se mueven la energía y la concentración a lo largo del día🥗 El apetito y el metabolismo

💆‍♀️ Incluso el ánimo y la paciencia

 

El cuerpo no se organiza por la agenda. Se organiza por ritmos. Por eso hay días en que el cansancio no es pereza y el desorden emocional no es falta de carácter: es desajuste.

 

Ese reloj interno existe todos los días, pero no siempre se siente igual.

El ritmo puede correrse: adelantarse o atrasarse, dependiendo de la luz, el estrés, los horarios, las pantallas, el cansancio acumulado, el viaje, la etapa vital. Muchas veces creemos que “estamos raros”… y lo que estamos es fuera de fase.

 

Esta semana, por ejemplo, me pasó algo que me llamó la atención: he tenido sueño muy temprano, me duermo profundo y me despierto muy temprano, casi a las 4 de la mañana. Y lo usual en mí ha sido distinto: conciliar el sueño profundo mucho más tarde. Eso me hizo pensar que el cuerpo también habla con horarios. Y cuando cambia el horario interno, cambia todo: la paciencia, la claridad, la manera en que habito una conversación, incluso la forma en que respondo a lo cotidiano. 


¿Y cómo reconocer tu propio ritmo?


Cuando hablamos de ritmos circadianos suena a biología, pero en la vida real se siente de una forma muy simple: tu cuerpo te va diciendo, todo el día, en qué momento estás más lúcido… y en cuál estás sobreviviendo.

 

El problema es que la mayoría vivimos ignorando esas señales y terminamos usando la misma estrategia para todas las horas: forzarnos.

 

Si quisieras empezar a conocerte mejor en esto, no necesitas un reloj inteligente. Necesitas observación honesta:


1) Observa tus picos naturales

 

Piensa en un día normal y pregúntate:

 

  • ¿A qué hora siento la mente más clara, como si se prendiera una luz?

  • ¿En qué franja me salen mejor las ideas, las decisiones o la escritura?

  • ¿Cuándo se me hace más fácil enfocarme sin pelear conmigo?

     

📌 Ese suele ser tu pico de CLARIDAD. Ahí conviene poner lo importante (no lo urgente).


2) Reconoce tus valles

 

Hay horas que no son para exigir rendimiento; son para regularte:

 

  • ¿A qué hora me baja la energía y me vuelvo más reactivo o impaciente?

  • ¿Cuándo aparece la dispersión, el hambre ansiosa o la irritabilidad?

  • ¿En qué momento me cuesta sostener conversaciones o tomar decisiones?

     

📌 Eso no es debilidad. Es información. Tu cuerpo diciendo: “necesito otro ritmo”.


3) Analiza tu relación con el sueño

 

El ritmo circadiano se delata especialmente aquí:

 

  • ¿A qué hora me da sueño de verdad, no solo cansancio?

  • ¿Me duermo fácil pero me despierto agotado? ¿O me cuesta dormir pero despierto bien?

  • ¿Cuándo siento que “revivo” en la noche y ahí es donde me vuelvo productivo?

     

    Te comparto una imagen que encuentro bastante educativa acerca de cómo se vive en un día normal el ciclo circadiano:




Si quieres profundizar más, te invito a leer este artículo.

 

Recuerda: no se trata de juzgarlo, se trata de nombrarlo. Porque lo que no se nombra… se vuelve automático.

 

En el fondo, mi descubrimiento es este: hay un tipo de productividad que nace del esfuerzo, y otro que nace del compás. El compás se siente como fluidez. Y cuando lo encuentras, no haces más… haces mejor, con menos desgaste.


El viernes pasado tuve un taller con todo mi equipo de líderes sobre el cierre del 2025 y los retos del 2026, y les propuse algo simple: cinco minutos para presentar logros, y luego cinco minutos para presentar retos.

 

El primer equipo se quedó sin decir cosas importantes. No porque no supiera. Sino porque en cinco minutos todavía no habían encontrado el centro de lo que querían decir. Y lo que pasó después fue revelador: con cada equipo, el ritmo se fue acomodando.

 

Algunos intentaron resolverlo acelerando: hablar más rápido, meter más contenido. Pero el tiempo no se estira cuando uno corre. Los últimos equipos lo lograron. Y lo lograron de otra forma: dijeron lo esencial, con claridad, sin afán, porque hicieron algo muy distinto a “correr”: identificaron lo importante, soltaron lo accesorio y hablaron desde la presencia.

 

La prisa no es velocidad. La prisa es pérdida de centro. Y recuperar el centro no siempre requiere más tiempo; muchas veces requiere más conciencia.

 

En este momento —no mañana, no el lunes, no cuando “tenga tiempo”—, te dejo una sola pregunta: ¿Qué tengo que hacer ahora mismo para soltar y estar en presencia, aquí y ahora?

 

A veces la respuesta es pequeña: cerrar una pestaña, respirar hondo, mirar a alguien a los ojos, estirar el cuerpo, salir a la luz, decir “no puedo con eso hoy”, o simplemente quedarnos quietos un minuto sin producir nada.

 

, la presencia casi nunca llega por acumulación. Llega por soltar. Y quizás ahí está el punto: no se trata de domar el día, sino de volver al compás. Porque tu reloj interno no entiende de pendientes. Entiende de señales.


Y para cerrar, un llamado...

 

Esta semana publiqué a destiempo el nuevo episodio del podcast de Ganas y Canas con Juan Pablo Zuluaga y su papá. Y no tuvo la lectura y las reacciones que yo esperaba. No lo interpreto como falta de interés. Lo interpreto como una señal: tal vez no estamos desconectándonos del contenido… sino de nosotros mismos.

 

Estamos llenos de información y vacíos de tiempo. Y cuando el tiempo se vuelve escaso, lo primero que cae es lo más humano: escuchar con calma, conversar sin mirar el reloj, dejar que una idea nos atraviese.

 

Si esta semana no pudiste escucharlo (o si lo dejaste a medias), te invito a volver a este episodio. No solo por lo que padre e hijo nos comparten, sino por lo que esta conversación provoca: detenerse, escuchar, recordar que el vínculo también tiene ritmo.




Puedes verlo en Spotify o en Youtube.

 


Y antes de cerrar, vuelvo a la frase del inicio —porque hoy la siento más verdadera que nunca:

 

Tu reloj interno no lee tu agenda.

La pregunta es si nosotros sí estamos leyendo al reloj interno.

 

 

Un sentido abrazo 🤗



Livi Betancur - Coach y mentora en emprendimiento y talento humano

Comentarios


bottom of page